Categoría: El día de la Horda

 

En un mundo donde la inmortalidad se compra con sangre y los árboles guardan las almas de los hombres, una horda de pesadilla desciende sobre Thyrkur.
Herthyr mercenarios venden su acero al mejor postor. Dewafi caídos buscan redención en baños de sangre. Ensi clérigos invocan el poder de un dios forjado en lodo y furia divina. Enkis alquimistas juegan con fuerzas que no comprenden… y despiertan lo que debió permanecer dormido. Subus—hombres-bestia que conservan la capacidad ancestral de transformarse en depredadores casi invulnerables—huyen despavoridos de un ataque que ningún colmillo pudo detener. Y Caballeros de la Orden, guardianes sagrados de las fronteras, descubren que sus bastiones no pueden contener lo que se aproxima.
Pero en las sombras, una Simug renegada—bruja inmortal que ha abandonado los caminos ancestrales—teje rituales con vírgenes sacrificadas para comandar legiones de bestias prehistóricas.
Cuando los Malhadoths—saurios venenosos que cazan con inteligencia diabólica—arrasan aldeas enteras en oleadas coordinadas, héroes dispares deben enfrentar no solo garras y colmillos, sino la verdad terrible detrás de la invasión: alguien controla la horda. Y ese alguien ha caminado entre ellos durante siglos.
Una épica de Espada y Brujería donde el honor thyriano chocará contra magia más antigua que la civilización misma. Donde los muertos sin descanso claman venganza desde la Hondonada de los Malditos. Y donde el precio de la victoria podría ser el alma inmortal de todo un pueblo.
Bienvenido a Thyrkur. Bienvenido a la era antediluviana donde los dioses aún sangran.

ÍNDICE

PRÓLOGO

Capítulo 1. El Rastro de la Maldición

Capítulo 2. Sombras sobre La Paulonia

Capítulo 3. (Se subirá a petición de los lectores)

Capitulo 2. SOMBRAS SOBRE LA PAULONIA

La Paulonia no conoce los muros de piedra de Thyrken ni el hedor a carnicería de sus campos. Es un remanso de fresnos milenarios y paulonias de hojas enormes, un asentamiento que confía su suerte a la paz de los antiguos y al susurro del río.
Es la tranquila mañana de Zamalis, el día consagrado a los guerreros de voluntad de hierro, aunque aquí el acero aún descansa en las vainas. Una carreta chirría pesadamente por los senderos, custodiada por Don Ulfvairn, Maestro Forjador de la Orden. No trae grano para los silos, sino el oro del Magister, la ciudad-monasterio donde la fe de los Caballeros se templa con fuego y disciplina.
A leguas de allí, Almalux y los suyos cabalgan entre cadáveres, pero en La Paulonia los héroes aún son extraños entre sí, separados por valles de avena y la voluntad de Thyr. No saben que el tintineo del metal noble es un faro en la penumbra de Ilumaiya, ni que el oro del Puesto del Sur no ha venido a comprar hilos finos, sino a financiar el último banquete antes de la tormenta.

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