LA SECUOYA

En las tierras salvajes del suroeste thyriano, donde la sombra de Ilumaiya se cierne amenazante y los ecos de los demonios de Irkania resuenan en las montañas, se alza La Secuoya, un bastión de la humanidad en un mundo indómito. Esta población, forjada por hombres de voluntad férrea y músculos de acero, desafía la naturaleza misma con su mera existencia.
Los thyrianos que habitan La Secuoya son descendientes de una raza primigenia, bendecidos por el poderoso Thyr con una fuerza sobrehumana y una resistencia que rivalizaría con la de los antiguos titanes. Sus cuerpos, curtidos por el sol y el viento, narran historias de batallas épicas contra bestias que harían temblar a hombres menores.
En las calles de madera y piedra de La Secuoya, el aroma a hidromiel se mezcla con el humo de las forjas y el olor a cuero de las armerías. Guerreros de brazos como troncos de roble y barbas trenzadas con cuentas de bronce deambulan junto a cazadores de mirada aguda y paso silencioso. Las mujeres, tan fieras como hermosas, llevan consigo el porte de valquirias, capaces tanto de curar heridas como de blandir el hacha en defensa de su hogar.

Los salones comunales, construidos con los gigantescos troncos de los árboles que dan nombre al asentamiento, resuenan con los cantos de gestas heroicas y el entrechocar de jarras de cerveza. Aquí, bajo las vigas talladas con runas sagradas, se trenzan los destinos de aventureros y se forjan alianzas que perdurarán generaciones.
Más allá de las empalizadas, custodiadas por centinelas de ojos avizores, se extiende un paraíso para el cazador y el explorador. Bosques primigenios, donde árboles más antiguos que la memoria del hombre ocultan presas dignas de las leyendas. Ríos tumultuosos, repletos de peces plateados que saltan desafiantes contra la corriente. Y al norte, praderas infinitas donde el grano salvaje ondea bajo el cielo, cosechado por clanes nómadas que siguen los ritmos eternos de la tierra.
Pero La Secuoya no es solo un refugio de guerreros y cazadores. Los Ensis, sacerdotes de Thyr, caminan entre el pueblo con sus túnicas de lino y sus báculos de roble, dispensando la sabiduría de su dios y manteniendo viva la llama de la fe en los corazones de los thyrianos. Sus templos, estructuras de piedra y madera que se alzan hacia el cielo, son faros de esperanza en una tierra donde la oscuridad acecha en cada sombra.

Alegoría de La Secuoya el año de su fundación en el 1022 N.R

generada por el autor con ayuda de I.A.

Al sur, vigilante y formidable, se erige el último bastión de los Caballeros de la Orden de Thyr. Estos guerreros santos, con armaduras que brillan como el sol del amanecer y espadas bendecidas por el mismo dios de los thyrianos, montan guardia incansable contra las amenazas que acechan más allá de las fronteras conocidas.
La Secuoya es más que un simple asentamiento; es un desafío lanzado a la faz de un mundo cruel e implacable. Un lugar donde la sangre de Thyr corre fuerte en las venas de sus habitantes, y donde cada día vivido es una victoria arrancada de las fauces del caos. Aquí, en este rincón salvaje de la tierra, los hombres aún pueden forjar su destino con la fuerza de sus brazos y la agudeza de sus mentes, bajo la mirada vigilante de Thyr y el susurro eterno de los bosques primordiales.

De esta población han surgido historias que se han publicado, tal como “La Maldición de Bruela” donde una modesta hija de recolectores se vuelve la protagonista de una inusitada maldición.

Puedes venir a vivir a la población y formar parte de la historia. Empezamos en el año 2202 N.R y hay muchos eventos que están por venir.

En esta misma página podrás descubrir cada localización de la población e incluso formar parte de ella.

Vista virtual del Sarru (Calle) del Templo. Algunas de las edificaciones que apunta el mapa colocado al principio de esta página.

Imagen creada integramente por el autor. J.L.N.R
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